Mejores Poemas del Romanticismo

¿Has leído o escuchado hablar del romanticismo alguna vez? El romanticismo hoy en día se considera como el primer movimiento cultural que llegó a expandirse por todo el continente europeo, durante los comienzos hasta mediados del siglo diecinueve. Se suele tratar el romanticismo como un nuevo método de sentir a la naturaleza, incluyendo la vida misma y, por supuesto, a nosotros seres humanos. Por esta razón es que se tiende a presentar al romanticismo de una forma diferente y especial en cada una de las naciones donde brota y florece, y hasta de formas diversas dentro de un mismo país.

poemas del romanticismo

Si quieres familiarizarte con el arte del periodo romántico, puedes empezar leyendo algunos de los poemas más importantes de este movimiento cultural. Por eso, en este artículo hemos recopilado los mejores poemas del romanticismo para que puedas leerlos y regocijarte de la creatividad y del sentimiento hacia la naturaleza de los poetas románticos del pasado.

Poemas cortos del romanticismo

¿Buscas poemas cortos escritos durante el periodo del romanticismo? Si es así, entonces has llegado al lugar indicado. Aquí debajo hemos compilado para ti más de un par de los mejores poemas cortos del romanticismo para que aprendas un poco más de este periodo y disfrutes de los antiguos poetas.


“Podrá nublarse el sol eternamente; podrá secarse en un instante el mar; podrá romperse el eje de la tierra como un débil cristal. ¡Todo sucederá! Podrá la muerte cubrirme con su fúnebre crespón; pero jamás en mí podrá apagarse la llama de tu amor.”

– Bécquer


“¿Deseas ser amada? No pierdas pues el rumbo de tu corazón. Sólo aquello que eres has de ser, y lo que no eres no. Así, en el mundo, tu modo sutil, tu gracia, tu bellísimo ser, serán objeto de elogio sin fin y el amor, un sencillo deber.”

– Poe


“Cuando las suaves voces mueren,

su música aún vibra en la memoria;

cuando las dulces violetas enferman,

su fragancia se prolonga en los sentidos.

Las hojas del rosal, cuando la rosa muere,

se apilan para el lecho del amante;

y así en tus pensamientos, cuando te hayas ido,

el amor mismo dormirá.”

– Bysshe Shelley


¿Has escuchado del barroco y quieres saber más sobre él? Pues si es el caso, aprovecha y lee los mejores poemas del barroco cuanto antes.

Poemas largos del romanticismo

¿Quieres disfrutar de las palabras de los poetas de las generaciones pasadas? Si eso quieres, prueba entonces con estos poemas largos, los cuales fueron escritos por autores del período romántico. Estos son un pequeño grupo de los mejores poemas largos del romanticismo para que puedas disfrutar de una agradable lectura:


“Fue hace ya muchos, muchos años,

en un reino junto al mar,

habitaba una doncella a quien tal vez conozcan

por el nombre de Annabel Lee;

y esta dama vivía sin otro deseo

que el de amarme, y de ser amada por mí.

Yo era un niño, y ella una niña

en aquel reino junto al mar;

Nos amamos con una pasión más grande que el amor,

Yo y mi Annabel Lee;

con tal ternura, que los alados serafines

lloraban rencor desde las alturas.

Y por esta razón, hace mucho, mucho tiempo,

en aquel reino junto al mar,

un viento sopló de una nube,

helando a mi hermosa Annabel Lee;

sombríos ancestros llegaron de pronto,

y la arrastraron muy lejos de mi,

hasta encerrarla en un oscuro sepulcro,

en aquel reino junto al mar.

Los ángeles, a medias felices en el Cielo,

nos envidiaron, a Ella a mí.

Sí, esa fue la razón (como los hombres saben,

en aquel reino junto al mar),

de que el viento soplase desde las nocturnas nubes,

helando y matando a mi Annabel Lee.

Pero nuestro amor era más fuerte, más intenso

que el de todos nuestros ancestros,

más grande que el de todos los sabios.

Y ningún ángel en su bóveda celeste,

ningún demonio debajo del océano,

podrá jamás separar mi alma

de mi hermosa Annabel Lee.

Pues la luna nunca brilla sin traerme el sueño

de mi bella compañera.

Y las estrellas nunca se elevan sin evocar

sus radiantes ojos.

Aún hoy, cuando en la noche danza la marea,

me acuesto junto a mi querida, a mi amada;

a mi vida y mi adorada,

en su sepulcro junto a las olas,

en su tumba junto al rugiente mar.”

– Poe


“Lirio divino, lirio de las Anunciaciones; lirio, florido príncipe, hermano perfumado de las estrellas castas, joya de los abriles. A ti las blancas dianas de los parques ducales; los cuellos de los cisnes, las místicas estrofas de cánticos celestes y en el sagrado empíreo la mano de las vírgenes. Lirio, boca de nieve donde sus dulces labios la primavera imprime: en tus venas no corre la sangre de las rosas pecadoras, sino el ícor excelso de las flores insegnes. Lirio real y lírico que naces con la albura de las hostias sublimes, de las cándidas perlas y del lino sin mácula de las sobrepellices: ¿Has visto acaso el vuelo del alma de mi Stella, la hermana de Ligera, por quien mi canto a veces es tan triste?”

– Darío


“¿Puedo observar el dolor de alguien

sin sentir con él tristeza?

¿Puedo contemplar el pesar de alguien

sin intentar aliviarlo?

¿Puedo observar la lágrima derramada

sin compartir el dolor?

¿Puede un padre ver a su hijo llorar

sin someterse a la pena?

¿Puede una madre escuchar indiferente

el lamento de un niño, el temor de un infante?

¡No, no! ¡Imposible!

Nunca, eso jamás será posible.

¿Puede aquel que a todo sonríe

oír los gemidos del ave?

¿Escuchar a sus pequeños pesarosos y necesitados?

¿Escuchar el llanto de los niños que sufren?

¿Sin sentarse junto al nido

rociando de piedad sus pechos?

¿Sin sentarse junto a la cuna

vertiendo llanto sobre las lágrimas del niño?

¿Y no pasarse día y noche

secando nuestras lágrimas?

Oh, no, eso jamás será posible.

Nunca, nunca será posible.

Nos reserva a todos su alegría;

se transforma en joven;

se transforma en hombre compasivo.

También él siente dolor.

Piensa que eres incapaz de suspirar un suspiro,

sin que tu hacedor no esté a tu lado;

Piensa que no puedes llorar una lágrima

sin que tu hacedor no esté llorando.

Ah, nos otorga la alegría

que destruye nuestras penas.

Hasta que nuestro dolor se haya vaciado,

junto a nosotros se lamentará.”

– Blake


Poemas románticos del romanticismo

¿Te gusta el romance? ¡Pues genial! A nosotros también y justo aquí puedes conseguir una serie de poemas románticos escritos por autores como Keats, Bécquer y Byron. Por eso, si tienes tiempo libre y te gusta la lectura, te recomendamos que leas los mejores poemas románticos del romanticismo aquí debajo:


“Son los ojos de la amada

pasmo cierto de las gentes;

yo, que todo lo conozco,

sé muy bien lo que me advierten.

Dicen ellos: -A este adoro,

a este sólo, a nadie más;

cesen pues, oh buenas gentes,

vuestro pasmo, vuestro afán.

Sí, con brillo poderoso

resplandecen en redor;

y es que quieren anunciarme

la hora dulce del amor.”

– Von Goethe


“Camina bella, como la noche

De climas despejados y de cielos estrellados,

Y todo lo mejor de la oscuridad y de la luz

Resplandece en su aspecto y en sus ojos,

Enriquecida así por esa tierna luz

Que el cielo niega al vulgar día.

Una sombra de más, un rayo de menos,

Hubieran mermado la gracia inefable

Que se agita en cada trenza suya de negro brillo,

O ilumina suavemente su rostro,

Donde dulces pensamientos expresan

Cuán pura, cuán adorable es su morada.

Y en esa mejilla, y sobre esa frente,

Son tan suaves, tan tranquilas, y a la vez elocuentes,

Las sonrisas que vencen, los matices que iluminan

Y hablan de días vividos con felicidad.

Una mente en paz con todo,

¡Un corazón con inocente amor!”

– Byron


“Hoy la tierra y los cielos me sonríen;

hoy llega al fondo de mi alma el sol;

hoy la he visto… la he visto y me ha mirado…

¡Hoy creo en Dios!”

– Bécquer


Poemas originales del romanticismo

¿Te gusta la creatividad y la originalidad? Los antiguos poetas del romanticismo nos dejaron consigo una gran gama de poemas de los que puedes disfrutar y vivir sus emociones en tu propia carne que ellos dejaron impresas en palabras para las futuras generaciones. Aquí te mostramos los mejores poemas originales del romanticismo.


“Hubo un tiempo… ¿recuerdas? Su memoria, vivirá en nuestro pecho eternamente…Ambos sentimos un cariño ardiente; el mismo, ¡oh virgen! que me arrastra a ti.

¡Ay! desde el día en que por vez primera, eterno amor mi labio te ha jurado, y pesares mi vida han desgarrado, pesares que no puedes tú sufrir; desde entonces el triste pensamiento, de tu olvido falaz en mi agonía: olvido de un amor toda armonía, fugitivo en su yerto corazón. Y sin embargo, celestial consuelo llega a inundar mi espíritu agobiado, hoy que tu dulce voz ha despertado recuerdos, ¡ay! de un tiempo que pasó.

Aunque jamás tu corazón de hielo palpite en mi presencia estremecido, me es grato recordar que no has podido nunca olvidar nuestro primer amor. Y si pretendes con tenaz empeño seguir indiferente tu camino…Obedece la voz de tu destino, que odiarme puedes; olvidarme, no.”

– Byron


“Acudid, gorriones míos,

Flechas mías.

Si una lágrima o una sonrisa

Al hombre seducen;

si una amorosa dilatoria

Cubre el día soleado;

Si el golpe de un paso

Conmueve de raíz al corazón,

He aquí el anillo de bodas,

Transforma en rey a cualquier hada.

Así cantó un hada.

De las ramas salté

y ella me eludió,

Intentando huir.

Pero, atrapada en mi sombrero,

No tardará en aprender

Que puede reír, que puede llorar,

Porque es mi mariposa:

he quitado el veneno

del anillo de bodas.”

– Blake


“Una cosa sólo ha buscado el hombre en todo tiempo,

y lo ha hecho en todas partes, en las cimas y en las simas del mundo.

Bajo nombres distintos –en vano– se ocultaba siempre,

y siempre, aun creyéndola cerca, se le iba de las manos.

Hubo hace tiempo un hombre que en amables mitos  infantiles

Revelaba a sus hijos las llaves y el camino de un castillo  escondido.

Pocos lograban conocer la sencilla clave del enigma,

pero esos pocos se convertían entonces en maestros del destino.

Discurrió largo tiempo –el error nos aguzó el ingenio–

Y el mito dejó ya de ocultarnos la verdad.

Feliz quien se ha hecho sabio y ha dejado su obsesión por el mundo,

quien por sí mismo anhela la piedra de la sabiduría eterna.

El hombre razonable se convierte entonces en discípulo auténtico,

Todo lo transforma en vida y en oro, no necesita ya los  elixires.

Bulle dentro de él el sagrado alambique, está el rey en él,

Y también Delfos, y al final comprende lo que significa

 Conócete a ti mismo.”

– Von Hardenberg


¿Quieres reflexionar un poco sobre tu mente a través de las palabras de los poetas? Prueba leyendo los mejores poemas del alma en todo internet.