Mejores Poemas de Miguel Hernández

Miguel Hernández se destacó en su trabajo como poeta, gracias a que logro combinar el vocabulario tradicional con la subjetividad del siglo 20. Este simple hecho es algo de admirar ya que normalmente no es algo sencillo de realizar.

Se necesita un buen dominio del idioma y una destreza mental capaz de hacer semejante trabajo, por ende los poemas de miguel Hernández llegaron a todos los rincones del mundo de la misma forma que lo hicieron los de poemas de Francisco Quevedo.

Citas de Miguel Hernández

A pesar de no haber recibido los estudios adecuados debido a que tuvo que dedicarse a cuidar el rebaño de ovejas de su padre. Miguel en sus tardes libres busco la lectura y el conocimiento en cada uno de los libros que tenía a su alcance.

De esta forma poco a poco fue interesándose en la poesía, ya que era la salvación a la dura vida que este llevaba. Por eso los Poemas de miguel Hernández y citas reflejan los sentimientos de una persona que quería ser libre, de una persona cuya vida era salvada por los poemas que escribía.


“Quien se para a llorar, quien se lamenta contra la piedra hostil del desaliento, quien se pone a otra cosa que no sea el combate, no será un vencedor, será un vencido lento.”


“Desperté de ser niño. Nunca despiertes. Triste llevo la boca. Ríete siempre. Siempre en la cuna, defendiendo la risa pluma por pluma.”


“Tristes guerras si no es amor la empresa. Tristes. Tristes. Tristes armas si no son las palabras. Tristes. Tristes. Tristes hombres si no mueren de amores. Tristes. Tristes.”


Poemas célebres de Miguel Hernández

Los poemas de miguel Hernández más celebres se destacaron tiempo después de su muerte. Falleció cumpliendo un encarcelamiento de 30 años que le fue sentenciado durante la guerra civil española.

De forma autodidacta el aprendió los fundamentos bases de la literatura, con los conocimientos que en el yacían, hizo lo mejor que pudo al recitar sus poemas. Sin duda fue uno de los mejores al momento de interponerse a las dificultades y lograr culturizarse de forma correcta, estos poemas dejaron una marca en la sociedad al igual que lo hicieron los poemas de José Emilio Pacheco.


Una gota de pura valentía vale más que un océano cobarde.”


“No hay extensión más grande que mi herida, lloro mi desventura y sus conjuntos y siento más tu muerte que mi vida.”


“¿Qué poco vale uno ya! Hasta las ratas se suben a ensuciar la azotea de los pensamientos. Esto es lo que hay de nuevo en mi vida: ratas. Ya tengo ratas, piojos, pulgas, chinches, sarna. Este rincón que tengo para vivir será muy pronto un parque zoológico, o mejor dicho, una casa de fieras…”


Poemas de Miguel Hernández cortos

Los poemas de miguel Hernández cortos demuestran la lucha desesperada que mantiene una persona que desea vivir. Ya sea que tenga una vida fácil o no puedes encontrar un poco de razonamiento perspicaz en los poemas de miguel, a pesar de ser un hombre sin estudio sus poemas dejaron una marca en el mundo de la literatura que difícilmente puede ser borrada.


“¡Qué sencilla es la muerte: qué sencilla, pero qué injustamente arrebatada! No sabe andar despacio, y acuchilla cuando menos se espera su turbia cuchillada.”


“El mundo es como aparece ante mis cinco sentidos, y ante los tuyos que son las orillas de los míos.”


“Sangre que no se desborda, juventud que no se atreve, ni es sangre, ni es juventud, ni relucen, ni florecen.”


Poemas de Miguel Hernández y sus pensamientos

Los poemas de miguel Hernández y sus pensamientos son cosas de las que las personas hoy en día se preguntan. ¿Cómo este a pesar de semejantes problemas tan vividos llego a hacer cosas tan notables? Miguel Hernández es la definición de: “que si te lo propones puedes lograr lo que sea que te hayas planteado.”


EL SUDOR

En el mar halla el agua su paraíso ansiado
y el sudor su horizonte, su fragor, su plumaje.
El sudor es un árbol desbordante y salado,
un voraz oleaje.

Llega desde la edad del mundo más remota
a ofrecer a la tierra su copa sacudida,
a sustentar la sed y la sal gota a gota,
a iluminar la vida.

Hijo del movimiento, primo del sol, hermano
de la lágrima, deja rodando por las eras,
del abril al octubre, del invierno al verano,
áureas enredaderas.

Cuando los campesinos van por la madrugada
a favor de la esteva removiendo el reposo,
se visten una blusa silenciosa y dorada
de sudor silencioso.

Vestidura de oro de los trabajadores,
adorno de las manos como de las pupilas.
Por la atmósfera esparce sus fecundos olores
una lluvia de axilas.

El sabor de la tierra se enriquece y madura:
caen los copos del llanto laborioso y oliente,
maná de los varones y de la agricultura,
bebida de mi frente.

Los que no habéis sudado jamás, los que andáis yertos
en el ocio sin brazos, sin música, sin poros,
no usaréis la corona de los poros abiertos
ni el poder de los toros.

Viviréis maloliendo, moriréis apagados:
la encendida hermosura reside en los talones
de los cuerpos que mueven sus miembros trabajados
como constelaciones.

Entregad al trabajo, compañeros, las frentes:
que el sudor, con su espada de sabrosos cristales,
con sus lentos diluvios, os hará transparentes,
venturosos, iguales.”


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